
Sus brazos se extienden hacia lo ancho del suelo en búsqueda de alguien más, pero lo único que logra es una leve tardanza que perdura sobre el ocaso. El sol, que reniega de ese irremediable pasar de horas, se mantiene plenamente sobre los seres vivos. Desde las despabiladas ardillas hasta las fascinantes mariposas sonríen por sus respectivos nichos ante el espectacular día que acaece. Los pájaros se distienden de sus abrumadoras responsabilidades para planear y cantar una oda a la felicidad. Surcan el despejado cielo. Los árboles, si bien permanecen enraizados en el fértil suelo, viven constantemente el presente día. Los colores vivos de las flores se multiplican cada hora. Sus pétalos sienten el confort del suave brillo solar. No hay ninguna nube que tape el sol. Las pocas que hay soy delgadas capas de aire que se irán condensando. Su tiesa blancura pronto se verá flaqueada por el impactante resplandor del sol. El parque experimenta un grandioso entusiasmo. Aquel lugar testigo de encuentros fortuitos e injustas ausencias abraza a todos los jóvenes dispuestos a sonreír, charlar y a descubrir un somnoliento secreto idílico.
-Shhh –se escucha decir.
La joven abre sus ojos y mira hacia la dirección en donde están ubicados sus pies. Sólo flores. Mira a los costados. Flores. Mira hacia arriba. La misma naturaleza.
-El viento… -susurra Cecilia.
Se da cuenta que algo le roza su mejilla, por lo que se toca allí y ve los pétalos. Se los guarda en su puño izquierdo. Nuevamente cierra sus ojos.
-Shhh.
Trata de ignorar ese chistido, pero es inevitable.
-El viento… o es mi imaginación –piensa. Se incorpora del suelo y se apoya sobre sus brazos. Mira a los costados y ve sólo flores y árboles. A lo lejos, el recreo. Se recuesta sobre el césped. Esta vez, no quiere dormir. Decide esperar por ese extraño sonido. Escucha ese chistar. Su corazón late de forma apresurada. Nadie a la vista.
-Algo real… o una broma –dice.
Cierra sus ojos y levanta las cejas en son de resignación. Se recuesta sobre el suelo, siempre con su bello rostro mirando hacia el cielo. Ya no puede conciliar el sueño. Aún así, mantiene cerrados sus ojos color café. Luego piensa:
Cecilia se detiene en medio de su parlamento interno y escucha el chistar de alguien.
-Esta vez no es el viento, ni lo fue nunca. Es alguien –asevera con un tono de seguridad.
Se levanta del pasto y mira a todos los costados. La gente jugando y comiendo allá. Atrás y a los costados, plena arboleda y autos en pleno movimiento sobre las calles.
Acaso la cándida criatura teme que una bondadosa fiera aseche sobre ella para asestarle un beso cargado eléctricamente de puro entusiasmo y torpeza. Luego siente algo pesado que le golpea en su cabeza. Casi se muere del susto. Se da vuelta y resulta ser una pelota de fútbol. Se agacha para tenerla y ver a quien se le ha perdido. Desde lo lejos se ve a un joven que clama por el balón. Ella lo alza con las dos manos y la tira con todas sus fuerzas. Llega al destino y el deportista le resta hacer nueve pasos para recuperar la pelota. El agradecimiento, nulo.
-Hace rato que no tenía a alguien tan lejos de mí –bromea y se sienta sobre el césped. Antes de acostarse mira a los costados para ver si puede divisar a aquel extraño sujeto. Nada. Finalmente se recuesta. Se siente un poco adolorida por el golpe provocado por el leve pelotazo accidental.
-Shhh… Hola.
Para Cecilia, ese saludo parco es inusual, casi extraño.
-OK, el viento no es –murmura-, alguien me acaba de saludar a escondidas. Espero que no sea un pesado.
Esta vez, lentamente, su cabeza se leva sobre la llanura floreal. Divisa los alrededores a la hora de encontrar a ese individuo responsable de su emocionante inquietud. Una abeja revolotea alrededor de su cabeza y la espanta con su mano derecha. Se aleja del trivial peligro. Escucha el chistido y percibe que ese corto sonido proviene de la arboleda ubicada a la izquierda. Su percepción siempre se ahoga en una desazón, por lo que prefiere confirmar su intuición. Los minutos pasan y sus brazos empiezan a acalambrarse de tanto apoyarse sobre ellos.
-Voy a aguardar un poco más –dice. La tarde empieza a caer, pero los colores vivos resisten ante el arrebato nocturno. Luego prosigue con su fluido pensamiento:
-¿Qué pasa?... ¿Dónde estaba?.. Ah, sí,… -sonríe- un beso… Quisiera saber cómo es ser besada. Creo que ya estoy divagando. Siempre repito el mismo prólogo en estos días. Pero hoy es muy especial. O sea, es el día de la primavera. Eso significa mucho para mí. Bueno, para todos. Algunas personas, como yo, no tienen una lograda racha de suerte en cuanto a una fuerte amistad. Pero es el lapso de la alegría y la esperanza. Todo se puede lograr. Todos nos enamoramos en algún momento de la vida, pero que se concrete limpiamente… a años luz. Pero un día, el menos pensado, se da. Así, simplemente. Sin estorbos. Quizás hoy es el día. Creo que tengo que dejar de ser un poco fatalista. Ya me estoy cansando de ese lúgubre papel. Ya soy grande. Dicha. En eso tenés que pensar. Mirá el día de hoy –sonríe de oreja a oreja- ¿Quién se puede deprimir? Nadie. El sol aún está arriba y el clima es templado. Todos ríen y sueñan. Así, todos los problemas se esfuman.
-¿Quién puede ser? –piensa- Que yo sepa no tengo a nadie que esté interesado en mí. Del barrio….-piensa en una lista de nombres posibles- No, nadie… ¿Esto es lo que se llama amor a primera vista? ¿Un retorno al inolvidable amor de verano? Ese chico que me chista ni siquiera me conoce y ya me saludó. ¿Hoy es el día? Si es así, bienvenido sea. Estoy muy emocionada, pero no debo adelantarme a los hechos. Ni siquiera lo conozco…. ¡Cuanta emoción!... Pero… ¿será a mi quien me chista? Quizás hay otra chica sumergida en este lugar. ¿Ves? Por eso no quería apresurarme. No sé que pensar. Traquilizate. Respira en forma calmada –suspira- y todo va estar bien. Pensá únicamente en lo que ves ahora –contempla el cielo- ¿no es hermoso? ¡Dios!...
Su corazón se enaltece y lleva sus manos estrechadas entre sí hacia la zona de su pecho.
Los pájaros aún prosiguen con su copla. Las delgadas nubes no desaparecieron. Al contrario, se alejaron para continuar con su detenido paseo sobre lugares remotos.
-Ya está oscureciendo… y no lo escuché.
Se lamenta por el final del día. No quiere irse. Se acomoda a un costado derecho y ve los tallos coloridos de las flores. Vuelve a su posición normal y suspira. Hace fuerzas con sus brazos y enfrente de ella, a pocos metros de distancia, ve a un joven con una rara expresión en su cara. Sus labios están a punto de silbar… o chistar. Cecilia no sabe qué decir, pero por fin se alivia al saber que esa persona existe. La angustia se ha despejado. El joven cierra su boca y tapa sus ojos con su mano derecha.
-Perdoname… Hola – se presenta torpemente
-Shhh –chista Cecilia y sonríe.

1 comentarios:
Hola Fer!!! aqui volviendo ando desaparecida en acción je como andas? tanto tiempo, que lindo escrito, la prima vera me da alergias je, pero las flores son bellas, gracias por tu mensajito en mi blog, hablamos un día de estos beso grande!.
Majo
www.refugiodelkaos.blogspot.com
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