sábado 28 de mayo de 2011

Sonido Atmósfera


¿Qué ocurre cuando uno se harta? Exacto: cambia todo. No quiere saber nada del pasado. De hecho es capaz de desdeñarlo. La clave es, quizás, progresar. Explorar nuevos terrenos que nos lleven a romper con las reglas. Nombremos dos ejemplos, por capricho de quien les escribe: el dadaísmo rompió con la estructura clasista de estética al erigir un objeto cotidiano como una obra de arte (Fuente o el mijitorio de Duchamp es un claro ejemplo) O sea, cualquier cosa podía pasar. El azar era el caballito de batalla. Y el otro ejemplo es Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band de The Beatles. Publicado en 1967, en plena psicodelia, este disco se alejó completamente del sonido que habían construido hace tres años a base de rock para adentrarse a otro, como el jazz, el music hall y la música oriental. Todo esto se resume a experimentar, una tarea inaudita, incapaz de ser digerible para muchos. La banda británica Radiohead pasó por este estadío cuando en 1997 publicaron su tercer disco, el grandioso OK Computer.


La banda oriunda de Oxford, formada a fines de los 80, había desechado por competo su rock alternativo (Pablo Honey, de 1993, y su kurtcobiano Creep) y el melancólico pop guitarrero (The Bends, de 1995, o la mezcla de U2 y R.E.M.: High & Dry) cuando sacaron en 1997 el mencionado LP. Hay rock, pero poco. El sonido es nocturno, envolvente, opresivo, pero al mismo tiempo, extrañamente bello. De hecho, suena al Dark Side Of The Moon de Pink Floyd. Hay experimentación de sonidos, como el uso de sintetizadores, pedaleras, intensas cuerdas, xilófono, etc. Sin embargo, este disco lo analizaremos más adelante. Por ahora, no es el momento. Nos detendremos en un single. Una canción que representa ese drástico cambio sonoro es Meeting In The Aisle. De hecho, es un lado B que acompañó en agosto de 1997 a la tétrica Karma Police.


La instrumental canción se despierta débilmente con un infantil teclado con eco, para luego entrar a la sección ritmica de la batería y terminar admirablemente con la fusión de los efectos de pedaleras y el bajo. Los riffs guitarreros se vuelven envolventes al usar los pedales que suenan a violoncellos barrocos. Para este momento, uno se siente triste, acongojado. Un nudo en la garganta. Pero a pesar de todo, reconfortable. No estamos solos. Sentimos una vaga imagen, la de cerrar los ojos, hacer una pequeña mueca de confort y danzar o tirarse sobre la cama como un ser cansado. O imaginarnos cualquier minúscula escena.


No hay nada para decir, sólo hay que escuchar. En esta oscura atmósfera de tres minutos se puede divisar algo. Es borrosa la imagen. A cada paso que hacemos nos encontramos con personas. En el presente se respira nostalgia. Desde que tenemos uso de razón (¿hay que determinar exactamente el día, la hora y el clima en que empezamos a utilizar los dos hemisferios?), para bien o mal, hemos hecho cosas o presenciado eventos, ya sean menores o substanciales. Pero en cuanto a toparnos con personas… ¿Con cuántos nos encontramos accidentalmente o no con ellos? ¿Alguien lleva cuenta de eso? Alguien debe hacer esa tarea para enrostrarnos y hacernos sentir por un minuto ruborizado o avergonzado.


Gente rica o pobre en cuanto a lo material y razonal. Gente joven y adulta que acumulan maravillosas y desastrosas experiencias de la vida. Gente bondadosa y malvada. Gente extrovertida y retraída. Gente talentosa y mediocre que saca provecho de esa idoneidad y viceversa (Guiño a Sábato: “Ser original es poner de manifiesto la mediocridad del otro” de El Túnel). Gente divertida y apática. Gente trabajadora y vaga. Gente inocente y culpable de hechos aberrantes. En fin, aspectos positivos y/o negativos encontramos con cada sujeto que tropezamos en la vida. Acá, allá, por todos lados.


Pero ¿hay tiempo para conocerlos a todos? ¿Tenemos el suficiente tiempo para detenernos y charlar acerca de su vida? El tempo de la canción distingue algo: no hay un prolongado momento para parar. Nuestras pisadas avanzan cual tic-tac de un reloj. Avanzamos y avanzamos en un sendero extraño, donde hay pasillos testigos de encuentros fortuitos y amargos. La mirada está puesta mayormente adelante. Nuestros ojos son fugaces al divisar a alguien acercándose. Vemos que se acerca y nos convertimos rápidamente en seres cabizbajos y luego retomamos a nuestra frente en alta. ¿Qué pasa? Nuestra vista pasa como el paisaje borroneado, desdibujado mirado a través de la ventanilla de un tren.


Luego, la pieza baja momentáneamente con un eco. Un descanso breve. Nuevamente el cuelgue de pedal. Esta vez más fuerte. Y de vuelta el bajo y la batería ritmica acompañan el increscendo sonoro hasta desvanecerse. Empieza perezosamente para luego continuar con su continuo leit-motiv: el de encontrarse en el pasillo. ¿Qué tipo de encuentros?: ¿extraños?, ¿casuales?, ¿momentáneos?, ¿dulces?, etc. ¿Qué pasillo?: ¿el del subte?, ¿el de la acera?, ¿el del pub?, etc. ¿Importa?

Aunque sea por un efímero momento, es un placer encontrarse de golpe con ciertas personas, más aún si resultan ser interesantes porque nos dan un significado más de vida: el de no sentirse solos y compartir dichas, sufrimiento y amor… Sí, sonó cursi, pero bueno… Así es la vida, ¿no?


Radiohead - Meeting In The Aisle




C’est la vie!

2 comentarios:

Afterglow dijo...

Wow! Muy buena esta mezcla de crítica musical/reflexión sobre la vida, un poco más y empieza a gustarme Radiohead! algo que sólo vos podrías casi lograr jaja =P
Conociéndote un cachitin como te conozco diría que estás "otoñalmente happy", si es así me alegro por vos. Beso! ^^

Fer dijo...

Hola Sol!
Todo bien?

Gracias por pasar y postear!

Sí, estoy pardamente feliz.

Besos!