
Sus ojos tratan de encontrar una respuesta simple en el cielo, pero sólo halla una ardua y complicada contestación que prefiere acallarla con un beso en la boca de Micaela. Sus labios se enlazan como una vívida enredadera. Sus corazones se crispan y sus colores se tornan más fuertes. Ella apoya suavemente su mano derecha sobre el pecho de Nicolás para detener la creciente pasión. No es un estorbo, sino una duda que la ha asaltado imprevistamente en su mente.
-Nico, ¿Por qué no me respondes?
-¿A qué? -le dice en un tono dulce sin despegar sus ojos marrones sobre los de ella.
-Si… si me queres –titubea y desprende una ligera sonrisa.
-Sí, más que querer, más que estimar... ¿Cuál es esa palabra? –la contempla sin parpadear y la besa- te amo. ¿Eso contesta tu duda?
-Sí… -sonríe.
-Nico…
-Sí, decime.
-No, no,… nada –agacha su cabeza y su flequillo oscuro pende sobre su frente.
-No, decime, ¿qué pasa? –le susurra en su oído izquierdo.
-No es nada grave, sólo que… -hace una pausa- bueno… -levanta su cabeza y gira a la izquierda para tratar de verlo- es que ya estamos de novio hace siete meses y quería preguntarte si pensaste en comprometernos seriamente.
-Mica –le da un beso en su mejilla derecha-, todo este tiempo estuve pensando en ese tema. Lo que no entiendo es por qué estas agobiada.
-Lo que pasa es que tenía miedo de que esta relación no iba por un buen camino. Digo… pasaron los meses y pensé que… bueno, que no me querías más. Debe ser difícil, muy difícil forzar una relación.
-Sí, una relación hipócrita –se acomoda sobre el árbol- pero… ¿cómo vas a pensar en eso, Mica? Yo te amo y nunca, pero nunca se me pasó por la mente dejarte. A ver… los meses que vimos pasar frente a nuestros ojos, ¿no fueron excelentes?
Micaela asienta con la cabeza.
-Compartimos muchas cosas. Pero lo que más reforzó la relación fue el mutuo respeto.
-También el cariño –se da vuelta para ver a Nicolás.
-¡Cómo olvidar la clave del éxito! –le da un corto beso en la boca –Cómo olvidar el… -acalla sus palabras, le toma la cara con ambas manos y la besa.
Ambos cierran sus ojos y se pierden en ese maravilloso mundo de amor.
-Si, decime.
-Quiero el compromiso.
-¿Lo decís en serio? –le pregunta mostrando una gran sonrisa.
-Claro, no jugaría con ese tema. Yo también lo estuve pensando y ya es hora que le digamos a todo el mundo que Micaela Espíndola –le agarra su mano derecha y la besa –y Nicolás Ramos se aman profundamente. Se que suena raro, pero no me salen otras palabras.
-¿Raro? No entiendo. ¿Por qué decís que es “raro”?
-No lo sé… -se pasa su mano derecha por la frente- No es muy común que se escuchen esas palabras… No sé… son muy propias de…
-Novela –termina lo que acaba de decir su pareja.
-Sí, novela, pero no es que esté mal. Lo que pasa es que… a ver… En que lío me metí también
-No creo que sea raro y de novela lo que me dijiste. Si lo dijiste es porque lo sentís. Además pocos hombres se atreven a cruzar esa zona de heroica cursilería.
-No te entiendo.
-Claro, vos sos una excepción entre los hombres por tu especial forma de tratar a tu novia –se acerca más a Nicolás-. ¿Por qué te amo tanto? Me escuchas cuando estoy alegre o cuando me derrumbo; estas siempre presente aconsejándome de lo que debo hacer; me contenes con simples palabras, caricias sobre mi cara y mis manos, abrazos y besos; me miras como si fuera la parte esencial de tu vida… ¿Eso es raro?
-Ahora sos vos el que está callado –dice Micaela y apoya su frente sobre la de él.
-Emmm…Sí… La forma en que dijiste eso fue… de novela –ambos se ríen-, pero si lo fuera por qué no simular que estamos en ella. Por qué no mirarnos, agarrarnos de la mano y besarnos. No se me ocurre un nombre para esta novela, sí el contenido –se distancia de ella y le agarra ambas manos-. Sobre dos personas desconocidas que viven en una tierra alejada de todos los agobiantes problemas. Dos personas extrañas que se conocen por la magia del destino y de ahí en más descubrieron la emoción de encontrarse en forma inesperada por los pasillos de la facultad. ¡Cuanta felicidad…
-… se respira en mi corazón! –continúa Micaela y toma la mano de Nicolás para llevársela a su pecho- Ambos piensan esas palabras, pero lo acallan para no destronar esa reciente amistad. Si bien se sienten seguros de lo que sienten por el otro, temen que uno de los dos sepa el dulce secreto. Pero, ¡qué importa el después! Deben atreverse a manifestar sus sentimientos, si no…
-se arrepentirán –prosigue el joven y acaricia su mejilla con su pulgar derecho- ¡Cuánto vacío se siente cuando no se dijeron realmente las cosas y se pone como pretexto una broma! Los malentendidos también ayudan a que estas desconocidas personas partan hacia rumbos distintos y se vean obligados a olvidar todos esos episodios de charlas y risas. Las consecuencias dejan sus secuelas y tardan en cicatrizar. Se evita esa catastrófica cuesta y se decide a…
-sincerar su mente. La torpeza de los dos jóvenes se deshoja a medida que cae la tarde. Se miran y se sonrojan. La primera vez que se sienten así, tan desamparados ante la incierta corriente actual. Él y ella deciden zambullirse allí y caen en la silenciosa e intimista entrega de amor –capitula Micaela y lo abraza.
Ambos permanecen en silencio y cierran sus ojos.
-Y así termina la “rara” novela –le susurra a Nicolás.
-Falta algo más…
-¿Qué faltaría, mi amor? –le pregunta.
-Un final feliz.
-¿Y no lo es?
-Sí, pero falta el moño para decorarlo –se ríe-. A ver… dejame pensar…
-Sí –le da un beso en su cuello- te ayudo a inspirar el desenlace.
-Listo… -se acomoda-. Una vez entregado a los besos y a las caricias, la reciente pareja se queda en la plaza para mirarse el uno al otro. Se sonríen y se abrazan como un verdadero lazo. La noche cae y tristemente deben regresar a sus respectivos hogares. Se dan el último beso del día y parten. Los días pasan y concurren al mismo sitio que los vio sentirse emocionantemente vivos. En el camino a sus casas, piensan en la experiencia que acaban de pasar. No sienten vergüenza alguna de bailar sobre la calle con los ojos cerrados y mostrando una gran sonrisa. Esperan a que mañana se repita lo vivido y seguir amándose. Sus vidas Los petirrojos construyen sus nidos terrenales –mira al cielo- y salen de sus refugios para volar y cantar sobre la pareja; el cielo permanece templado y expulsa a cualquier extraño nubarrón que se presente sobre ella; florece el cariño y los pequeños secretos a develar; y los dulces besos –la mira- saben mejor que la miel.
-¿Fin?- dice ella con una sonrisa y viendo sus labios.
-Fin –y la besa.















.jpg)












